La cosmogonia grecorromana identificó gráficamente las constelaciones, con creatividad asignaron significados a las estrellas agrupadas por familias. Tal orden prevalece hasta nuestros días con distintos objetivos: desde el científico hasta el agorero.
El aportar emociones al estudio del espacio parece acortarla distancia descomunal entre la ignorancia y la ciencia que es aprehensión de las cosas.
Así entendemos los pedazos de ciudad por la geometría de su trama urbana (la telaraña, el laberinto, el caracol o por su función en el total de la ciudad: la ratonera, la boca de lobo).
Cuando una retícula moderna homogeneiza los patrones de ocupación territorial también pretende neutralizar aquellos órdenes figurativos, se construyen ciudades sin "customizar" cuyo vínculo emotivo es establecido por su nombre asignado en momentos históricos distintos: toponimias prehispánicas que preceden al nombre de un santo católico, y que son sustituidas por un prócer político. La historia de la alabanza oficial.
La cabal lectura de territorios ayudaría a prevenir los insultantes bautizos históricos que cínicamente aportan eufemismos urbanos diferenciando una zona de otra por la verdadera condición topográfica, ortográfica, demográfica u otro orden tan racional como significativo.
Renombrar ciudades,lugares y calles sería el ejercicio de un nuevo orden basado tanto en lo original como lo nuevo, elementos que eventualmente resultan inevitables.
@mikealex_aldana