"Hay que vivir como se debe aunque se deba lo que se vive" así parece que el homo sapiens urbanis satisface su posición en la escala social, más que su necesidad de bienes.
Recientemente vivimos un insólito ejercicio de poder democrático en la Ciudad de México cuando la consulta ciudadana en la delegación Cuauhtémoc rechazó la propuesta unilateral de la alcaldía y sus inversionistas para reconstruir un calle por vía de la privatización de la misma.
Uno de los argumentos más sonado (y rebatido) fue el supuesto ahorro publicó "a la ciudad no le costará nada" omitiendo por completo nociones comerciales básicas como el precio de oportunidad y la pérdida de ganancias futuras. En pocas palabras, pretendían 40 años sin intereses públicos y con intereses privados.
Cuando un banco ofrece a sus acreditados un creciente número de "meses sin intereses" parece un eufemismo de la completa enajenación de su voluntad y la correspondiente adopción como propios de los "intereses bancarios".

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